Explicación al gesto inexplicable de Almirón
El movimiento con la mano tiene sentido precisamente porque busca que el otro entienda que es un insulto.
Miguel Almirón entró en la historia de los mundiales por una razón impensada en tiempos de Chilavert o Maradona: fue expulsado contra Turquía por llevarse la mano a la boca mientras discutía con un rival. El gesto desató una batalla cultural instantánea. De un lado: quienes celebran que el fútbol persiga insultos, amenazas y discriminación. Del otro: quienes denuncian la última estación de la vigilancia contemporánea, convencidos de que la fiscalía woke no deja decir nada. Igual resulta curioso escuchar semejante defensa de la libertad en personas que guardan silencio impecable cuando una escuela es bombardeada al otro lado del mundo.
El DT Gustavo Costas habló de un acto reflejo. La explicación tiene ternura. Taparse la boca para ocultar lo que se dice pertenece al repertorio más aprendido del fútbol moderno. El gesto nació para evitar lectores de labios, cámaras y testigos. Es una costumbre tan incorporada como fingir que la pelota salió de la cancha tocada por el rival.
Almirón ya conocía las nuevas formas de vigilancia. Ante Estados Unidos fue la primera víctima de la llamada corrección de identidad por el VAR. El árbitro amonestó a Tim Ream por una infracción inexistente. La revisión delató que el paraguayo había simulado el contacto y la tarjeta cambió de dueño. Años antes, cuando jugaba en Newcastle, una columna de Forbes llevaba un título profético: "Miguel Almirón debe aprender a dejar de tirarse".
Sudamérica tiene una relación especial con las expulsiones inaugurales. El chileno Carlos Caszely fue el primer jugador expulsado mediante tarjeta roja en una Copa del Mundo, en Alemania 1974. Medio siglo después, otro sudamericano inaugura una categoría distinta. Hay continentes que exportan petróleo. El nuestro parece exportar precedentes disciplinarios.
Como ocurrió cerca de Hollywood, la escena de Almirón remite a Neo en "Matrix" cuando los agentes lo asustan sellándole la boca. También recuerda a Joe Pesci en "Casino", hablando detrás de la mano para ordenar que tengan listo un hoyo en el desierto por si llega el momento de desaparecer a otro. Al final, Almirón quedó como Hannibal Lecter provocando a sus interlocutores detrás de una máscara en "El silencio de los inocentes".
Hay algo llamativo en que le ocurra a un paraguayo. Durante décadas los futbolistas de Paraguay usaron el guaraní como contraseña perfecta. Si el rival no entendía una palabra, ¿para qué taparse la boca? El movimiento con la mano tiene sentido precisamente porque busca que el otro entienda que es un insulto.
El caso recuerda una vieja confusión. Horus aparecía en el arte egipcio con un dedo en la boca para indicar que era un niño. Los griegos entendieron otra cosa: creyeron que pedía silencio y lo transformaron en dios de los secretos. Un mismo gesto produjo dos significados opuestos. La expulsión de Almirón nace de una sospecha parecida. La FIFA resolvió que, en una situación confrontacional, cubrirse la boca equivale a ocultar algo que no debe decirse. Quizás tenga razón. Quizás no. Lo seguro es que el Mundial descubrió que una mano sobre los labios puede provocar más discusiones que muchas palabras pronunciadas en voz alta.