CR7 es una historia de ciencia ficción
Jorge Valdano resumió su fabricación al decir que se hizo hasta un cuerpo nuevo.
Dallas ya había servido de quirófano para otra criatura recompuesta. En sus calles se filmó la primera entrega de "Robocop": el pistolero de la ley que volvió a caminar después de que la industria le pusiera tornillos, memoria y una misión de acero. Este lunes, Cristiano Ronaldo apareció en el mismo territorio como versión más publicitaria de esa fantasía: un cuerpo rehecho por sí mismo contra la biología, el campeón del área buscando el último vestigio de su leyenda.
La edad en él es una provocación impresa en tipografía dorada: 41 años, cinco meses y un día. João Pereira Coutinho ya lo escribió con crueldad quirúrgica en 2022: "Cristiano Ronaldo está velho". Viejo, hace cuatro años. El escritor portugués agregaba que la energía demoníaca capaz de hacer temblar estadios ya no vivía ahí. Pero dos años después, al comentar "La sustancia", la película donde Demi Moore intenta escapar de su cuerpo fabricando una versión joven de sí misma, el mismo Coutinho usó a CR7 como ejemplo en el sentido contrario, en su columna de Folha de Sao Paulo: "Fazer menos, fazer diferente, fazer melhor". Menos es mejor, con el trabajo adecuado. Envejecer, para Cristiano, fue una poda. Perder campo, ganar área. Perder regate, ganar remate. Perder carrera, ganar amenaza.
Contra España creó peligro mental más que real. En el primer tiempo recibió tras una recuperación de Bruno Fernandes y pateó de zurda para obligar a Unai Simón a agacharse ante una reliquia que aún penaba. Más tarde atacó el segundo palo, esperando esa pelota que antes obedecía por miedo. Llegó el cuerpo, llegó la sombra, faltó el golpe. ¿Cómo se gana la vida un hombre que vivió de llegar una décima antes que todos cuando las rodillas empiezan a negociar, los tobillos pasan factura y los centrales jóvenes ya no respetan las escrituras antiguas? Cristiano encontró en los últimos años una respuesta: dejó de trabajar para la jugada y empezó a trabajar para el instante. Ya no necesitaba gobernar noventa metros; le bastaba con arrendar medio segundo en el área.
La escena admite arqueología. Cristiano empezó en los mundiales como CR17, en Alemania 2006, al lado de Luis Figo, capitán y dueño del 7. Ante Irán hizo su primer gol mundialista, de penal. En Sudáfrica 2010 ya lucía número, brazalete y derecho al cartel completo. CR7 borró a Figo con esa naturalidad de los hijos que convierten a los padres en prólogo.
En 2018 le hizo tres goles a España, el último de tiro libre, una firma caligráfica sobre la terror. En 2026, ante Croacia, anotó de penal su gol 146 por la Seleção das Quinas. Entre esos puntos caben todas sus edades.
David Gistau entendió la dimensión moral del odio que provocaba. Cuando le partieron una ceja en la Liga escribió en El Mundo que muchos celebrarían por verlo "algo menos guapo de lo que él dice ser". Cristiano convirtió belleza, esfuerzo y vanidad en una ofensa pública. También convirtió el entrenamiento en dogma. Jorge Valdano resumió su fabricación al decir que se hizo hasta un cuerpo nuevo. Esa máquina le quitó Balones de Oro a Messi en el punto más alto de ambos, impidió que la época fuera un monólogo y empujó a Portugal a ganar la Euro de 2016.
Luego vino otra competencia: pervivir. Messi y Ronaldo quedaron fuera del calendario humano, dos figuras sostenidas por hielo, cámaras hiperbáricas, nutricionistas, gimnasio y una vanidad con contrato vitalicio. En 2026 no se dio la batalla del colágeno. España jubiló esa posibilidad antes del cruce final. La rivalidad quedó repartida en archivos, récords y reels con música épica.
A Cristiano todavía lo persigue una cifra. Lleva 976 goles oficiales. Le faltan 24 para llegar a los 1.000. Los mundiales te dejan atrás, pero la cuenta personal exige otra clase de humildad. Si volviera en 2030 tendría 45 años y cuatro meses, edad suficiente para superar al egipcio Essam El Hadary como el jugador más viejo en disputar una Copa del Mundo. Lo extraño sería que lo intentara, si aceptara llegar como pieza de museo y abdominales de infomercial, porque CR7 ya fue la mejor película de ciencia ficción que nos regaló el fútbol.