Neymar fue abducido mucho antes
La vidente Vó Bahiana acertó de otro modo. Neymar fue abducido hace años: por los sponsors, las lesiones, los memes y la samba.
La profecía decía que este miércoles, en Miami, una nave alienígena bajaría sobre Brasil-Escocia en el minuto 38 del segundo tiempo para llevarse a Neymar. Carlo Ancelotti lo mandó a la cancha seis minutos antes de la convocatoria de la vidente. El 10 de la Verdeamarela tocó un par de pelotas y siguió en la tierra. La nave no apareció, pero ya lo habíamos perdido mucho antes.
Ignácio de Loyola Brandão imaginó en "Não verás país nenhum" un Brasil sin árboles, sin agua, gobernado por permisos, calor y vigilancia. El título de la novela de 1981 deformaba la fantasía nacional del carnaval y la selva del Amazonas. En su reverso quedaba la intemperie: no verás país alguno. Neymar es esa frase con una pelota en los pies: el Menino da Vila fue anunciado como prueba de que Brasil seguía produciendo futuro y terminó como evidencia de que el futuro podía secarse lleno de talento. La distopía del jogo bonito.
Su historia mundialista se escribió siempre desde el infortunio. El colombiano Juan Camilo Zúñiga le fracturó una vértebra lumbar en 2014. Neymar salió del Mundial y Brasil descubrió ante Alemania que, sin su niño, el decorado era de cartón. En 2018 llegó a Rusia recién cosido del quinto metatarsiano y cayó ante Bélgica mientras el planeta se dedicó a fabricar memes suyos dando vueltas en el pasto tras una infracción inexistente. En 2022 se lesionó el tobillo en el primer partido, volvió para hacerle a Croacia un gol de museo y se fue sin patear en la definición a penales.
Su cuarta Copa del Mundo lo recibe ahora como concesión piadosa de Ancelotti, para darle al grupo un tótem emocional y a Vinicius una sombra amiga. Brasil tiene una despensa envidiable, pero le falta lo que antes le sobraba: rostros capaces de ordenar una época. En 1970, Pelé aparecía acompañado por una enciclopedia completa. En 1994, Romario tenía a Bebeto. En 2002, Ronaldo volvió con Rivaldo, Ronaldinho, Cafú y Roberto Carlos.
Sérgio Rodrigues, autor de "El regate", llamó neymarzismo al culto de este supercrack tardío, celebrado por su genio y su inmadurez, "una especie de Peter Pan fiestero que se quiere inimputable". Neymar envejeció con el niño a la vista. Cada gambeta conservaba la pelada o pichanga escolar y cada caída abría su propio Juicio Final. También fue samba: baile, risa, familia y noche. Sus abducciones más famosas las hacía el calendario, cuando marzo lo chupaba sin falta hacia el cumpleaños de su hermana Rafaella.
Neymar dijo una vez que no jugaba para ser el mejor del mundo. Jugaba para ser feliz porque le gustaba el fútbol. Años después confesó que no sabía si tendría cabeza para aguantar más fútbol. Entre ambas frases cabe el siglo XXI de la Verdeamarela: el juego vuelto prueba psicológica, el drible hecho contradicción, la osadía reducida a debate moral. Brasil lo fabricó como antídoto contra su decadencia y después se indignó porque era humano.
Por eso la vidente Vó Bahiana acertó de otro modo. Neymar fue abducido hace años: por los sponsors, las lesiones, los memes y la samba. Lo que entró contra Escocia fue el resumen de una selección que produce genios y ya no sabe en qué mito ponerlos.