AURA
Vozinha tiene una historia digna de Colo Colo. Gabriel Maureira también, pero hay una diferencia enorme: se crió en Colo Colo.
"Lo vi crecer, jugar en el barro", dijo el tío de Gabriel Maureira. La frase apareció cuando Colo Colo llenaba su pantalla con una palabra de cuatro letras: AURA. En la foto apenas asoma la cabeza rizada de Vozinha, héroe global luego de sus actuaciones en el Mundial por Cabo Verde. La publicación sigue fijada en la cuenta oficial de los albos en Instagram y supera 1,4 millones de Me Gusta. El aura también intenta monetizar.
La imagen funcionó como certificado de llegada. Aníbal Mosa habló antes que la firma y convirtió una negociación en anuncio. Vozinha siguió en Portugal, surgieron versiones sobre ofertas ajenas y cada día de espera gastó la solemnidad del retrato. El héroe estaba en todas partes, salvo en Macul.
Maureira entró a clausurar esa semana difícil en silencio. Sausalito también tenía barro y la defensa del puntero decidió devolverlo a su infancia. Colo Colo falló en la salida, regaló pelotas cerca del área y dejó a su arquero de 19 años frente a un asedio que pudo terminar en goleada. Maureira respondió con el cuerpo y con esa forma solitaria de valentía que consiste en levantarse antes de que el error ajeno termine de explicarse.
Hubo un remate cercano de Nicolás Montiel y el arquero se hizo ancho. Alan Medina recibió otra pérdida alba y encontró una mano que mandó la pelota al córner. Montiel volvió a quedar de frente y Maureira salió a achicarle el mundo. Emiliano Ramos probó desde lejos cuando el empate parecía maduro; otra mano lo dejó esperando. Fueron manotazos salvadores. El 4-3 permite mirar los goles de Colo Colo y olvidar que, sin esas atajadas, el líder habría regresado de Viña con una derrota humillante.
El club ya había vivido una escena parecida con el uruguayo Santiago Mele. Lo dieron por listo, imaginaron a Mele en Macul y la operación se cayó en la última curva. Después vino Vozinha, presentado bajo una palabra que suele reservarse para los santos y las estrellas. Dos arqueros de selección destinados a cubrir el mismo arco despejándole el camino al muchacho que ya estaba dentro. Puede ser una señal.
El fútbol profesional es cosa de números: se necesitan tres arqueros en buenas condiciones. Por si se lesiona alguno, pero también por competencia. Maureira, en ese sentido, tarde o temprano tendrá que luchar por el puesto con compañeros igual o mejores que él. Así es el alto rendimiento. Pero Colo Colo salió a buscar un arquero con desesperación, como si el canterano fuera un problema.
El tío habló de una familia numerosa y de una vida sufrida. Contó que su sobrino creció lanzándose sobre canchas donde el barro se pegaba a la ropa. Esa historia también tiene aura, sólo que no fue construida por una campaña ni necesitó letras espaciadas sobre fondo negro. Se hizo en las divisiones menores, tras años de caídas que nadie convirtió en contenido viral.
Maureira no habló tras el partido en Viña. Su silencio tuvo más peso que las promesas de la semana. La sombra que lo amenazó responde al apodo de Vozinha y tiene el apoyo del mundo entero. Vozinha tiene una historia digna de Colo Colo. Gabriel Maureira también, pero hay una diferencia enorme: se crió en Colo Colo.