¿Qué hemos aprendido en los últimos cien años?
Cada generación cree inventar el fútbol chileno; las oficinas de Quilín se encargan hoy de devolverlo a 1926.
Chile ganó su primer partido internacional el 12 de octubre de 1926. Desde 1910, la Selección acumulaba 27 encuentros oficiales: 4 empates y 23 derrotas. En seis sudamericanos había sido última. Cien años después miramos la tabla desde abajo nuevamente.
Un siglo para volver al mismo sitio, pero no es sólo eso. En 1925, las asociaciones regionales peleaban por el mando hasta que la FIFA nos desafilió. A comienzos de 1926 se reunieron bajo una Federación de Football. La Selección debía aprender a jugar; sus dirigentes, a ordenar la casa. Todavía cuesta.
Los jugadores se concentraron casi dos meses en El Llano. Giuseppe Rosetti, un italiano de Audax, los entrenaba en parar el balón y pasarlo. Marco Antonio Vera dirigía la preparación física mediante una gimnasia científica. Según "Por empuje y coraje", de Sebastián Salinas, había billar, libros y hasta un biógrafo para ver películas. Los titulares vestían camisetas listadas color "lagarto viejo", según Los Sports.
Contra Bolivia, en el Día de la Raza, Chile apareció de rojo, todavía poco habitual, con una estrella en el pecho. Los visitantes, de blanco, debutaban internacionalmente. David Arellano le regaló un banderín al capitán Rafael Méndez, quien respondió con flores. Los bolivianos gritaron "¡Viva Chile!" y el público los ovacionó. El Mercurio celebró el gesto en los Campos de Sports de Ñuñoa.
A los 3 minutos, Teófilo Aguilar adelantó a Bolivia. Mario Alborta marcó otro, anulado por posición adelantada. La derrota, vieja conocida, ya había tomado palco. Luego el nerviosismo cedió al libreto ensayado. Manuel Ramírez empató a los 11 y comenzó una victoria esperada dieciséis años. Guillermo Subiabre hizo uno, Arellano cuatro y Humberto Moreno un prodigio: un córner directo al arco. La regla lo permitía desde 1924 y en Argentina empezaban a llamarlo "gol olímpico", por el que Cesáreo Onzari anotó ante Uruguay ese año. Chile sólo tiene dos así: el de Checho Moreno en 1926 y el de Alexis Sánchez ante Paraguay en 2021.
Ganamos 7-1. El 15 de octubre, La Nación anunció que Andes Film exhibiría la película del partido en los cines de Santiago. Chile cayó luego 3-1 ante Uruguay, campeón olímpico, y apareció el exitismo de la prensa. Los Sports creía que faltaba mucho para competir con los grandes. Pero ante Argentina Guillermo "Monumento" Saavedra sorprendió con un gol a los 25 minutos. La visita respondió con juego brusco: el delantero Benjamín Delgado fracturó al defensor chileno Leoncio Veloso a los 54. Resistimos con diez. Domingo Tarasconi empató a los 87, a tres minutos del final. Resultado: 1-1. Luego llegó el 5-1 a Paraguay, con otros tres goles de David Arellano.
Chile igualó a Argentina en puntos y fue tercero por diferencia de goles, aunque la prensa nos proclamó vicecampeones. Arellano fue goleador del torneo y les dejamos por vez primera el último lugar a otros. El capitán había observado dos años antes en Montevideo a los campeones olímpicos de 1924: la pelota circulaba porque alguien sabía dónde encontrar al compañero. De esa fascinación nació su búsqueda del "fútbol científico" y la convicción que llevó a Colo Colo y a la Selección: había que entrenarse con método. El talento, solo, coleccionaba anécdotas.
Ahora volvimos a ser últimos en Sudamérica y víctimas del desorden administrativo. En 1926 se exigía una fusión para terminar con los bandos; en 2026 se reclama separar la federación del fútbol profesional. Las recetas invirtieron su dirección; el diagnóstico persiste. Arellano murió en 1927: Chile lo extrañó en Ámsterdam 1928 y en el Mundial de 1930, pero dejó la idea de prepararse con seriedad. Después, no hace mucho, ganamos dos Copas América: sabemos ganar. El problema es que seguimos sin saber cómo guardar lo aprendido. Cada generación cree inventar el fútbol chileno; las oficinas de Quilín se encargan hoy de devolverlo a 1926.