Cuidadito con subirse a cualquier camilla
Rodrigo Rain sufrió un TEC cerrado en 2003 al chocar con Héctor Mancilla. Cuando lo retiraban del campo le preguntaron el nombre de su esposa para saber si estaba bien: dijo otro. "Era broma", le aclaró después a su señora.
La camilla que expulsó a Joaquín Larrivey en Concepción merece peritaje. Unas cintas rojas colgaban por los costados. A unos diez metros de la línea, cuando el delantero ya salía, el camillero de atrás pisó una cinta que se arrastraba por el pasto y trastabilló. Larrivey pidió bajarse. Fernando Véjar entendió el gesto como infracción y le mostró amarilla. Después el jugador recogió la cinta desprendida y la lanzó a los pies del árbitro. Segunda amarilla. Y expulsión. La medicina deportiva dependía de un pedazo de tela.
Las camillas chilenas tienen antecedentes. En 2018 en La Calera, Juan Pablo Miño pidió tierra firme cuando uno de los asistentes avanzó en reversa y terminó de espaldas. Hay una técnica para transportar heridos y otra para evitar transformarse en uno de ellos.
Felipe Jara conoció la versión clínica en 2017. El árbitro chocó con Rafael Viotti, de La Calera, y sufrió fractura de rótula. Pidió la camilla para que lo retiraran a él mismo.
Sebastián Beccacece, en 2016, mandó a cuidados intensivos un refrigerador de bebidas isotónicas con un planchazo durante el 3-0 de la UC sobre la U. El artefacto también necesitó camilla. En el fútbol chileno hasta los electrodomésticos conocen el protocolo.
Johnny Herrera tuvo una relación menos pacífica con el vehículo. En 2013 recibió dos fechas por insultar a Fernando Meneses y agredir la camilla en que retiraban al cruzado, golpeado por un rollo de papel en un clásico suspendido. Luego sugirió que los cumpleaños infantiles debían disponer de ambulancias por el peligro de las serpentinas.
Álvaro Ormeño sufrió una variante artesanal en Las Higueras, en 2006: ya fuera del campo, los camilleros lo soltaron. El árbitro Manuel Acosta revisó las imágenes e informó una caída desde veinte centímetros. Se armó una pelea.
Manuel Acosta además de árbitro era médico. En El Morro mandó sacar en camilla a un jugador porque sospechaba de una fractura costal. No le creyeron el diagnóstico. El jugador volvió un minuto después y se desplomó. La costilla rota le había perforado un pulmón. Salió nuevamente en camilla, grave.
Rodrigo Rain sufrió un TEC cerrado en 2003 al chocar con Héctor Mancilla. Cuando lo retiraban del campo le preguntaron el nombre de su esposa: dijo otro. "Era broma", le aclaró después a su señora.
El Cóndor Rojas ofrece el epílogo perfecto. En Maracaná, en 1989, quedó fuera de la cancha en brazos de sus compañeros. La camilla ni siquiera entró en escena. Desde entonces, cuando aparece una, conviene mirar: en el fútbol chileno también puede convertirse en protagonista.