Hey, Jude, no tengas miedo
La presencia de Jude Bellingham en el Mundial fue una de las más cuestionadas en la lista final de Inglaterra; con sus goles volvió a escuchar "Hey Jude, dont be afraid".
En la víspera del duelo con Inglaterra, Erling Haaland invocó a Los Beatles en su Instagram. Apareció al frente de un cuarteto de cracks: Martin Odegaard, Julian Ryerson y Orjan Nyland cruzaban con él, ayudados por la inteligencia artificial, el célebre paso de cebra de Abbey Road. El mensaje del 9 noruego tomaba prestada una canción del álbum de 1969: "Aquí vienen los vikingos".
Ya en el túnel del Hard Rock Stadium, Jude Bellingham vio a su amigo de Dortmund y lo saludó con una patadita en el trasero. Era la contraseña de su bromance con Erling, mezcla de brother y romance para una amistad masculina hecha de risas, abrazos y confianza. Compartieron dos temporadas bajo el Muro Amarillo de Westfalia.
Noruega volvió a tocar su música del Mundial: percusión grave, líneas rectas, pocos adornos y un solista gigantesco esperando romper el escenario. A los 36 minutos, Andreas Schjelderup encontró una nota aguda y venció de zurda a Jordan Pickford. Los centrales ingleses custodiaban a Haaland; el gol entró por una rendija. Noruega fue eso en América: una canción de cuatro acordes capaz de hacer temblar un estadio. Haaland fue su bajo y su tambor, la frecuencia que se siente antes de entenderse.
Odegaard desperdició a los 44 un contragolpe que pedía la zancada del 9. La televisión mostró de inmediato a Mick Jagger, amuleto inverso de los mundiales: el mito dice que toda selección apoyada por el dinosaurio de los Rolling Stones termina perdiendo. Esta vez el mal augurio rockero parecía inglés, pero venía con letra chica: Jagger es hincha del Arsenal; Odegaard es capitán del Arsenal. Tres minutos después, en el agregado del primer tiempo, Bellingham ejecutó una obra maestra de movimiento y precisión para anotar el empate.
Los amigos seguían buscándose. Bromearon mientras Declan Rice preparaba un tiro libre, se abrazaron al descanso y volvieron a encontrarse en la prórroga, cuando el árbitro cobró un penal y retiró la decisión. Podían disputarse el Mundial y reconocerse en el tumulto: la amistad también juega eliminatorias. A los 93, Nyland dejó un rebote, Bellingham llegó de oído y firmó el 2-1. Mientras su amigo iluminaba Miami, Haaland empezó a despedirse. Había llevado a Noruega más lejos de lo imaginable; la noche eligió a Jude.
El genio del fútbol no sólo pone música alegre. También es capaz de atrapar una canción triste y mejorarla. El equipo de los Tres Leones se entregó primero al coro contemporáneo de "Wonderwall": su rito mundialero con los fans. Pero después venía el tema de Bellingham con su na-na-na-na estirado en un canto de treinta mil voces. John Lennon codificó una infidelidad en "Norwegian wood", de 1965, para evitar que su esposa Cynthia hiciera demasiadas preguntas: el pino noruego, como material barato, en la habitación de una aventura extramatrimonial. En 1968, cuando John se separó de Cynthia, Paul McCartney codificó en "Hey Jude" un abrazo a su hijo Julian Lennon para acompañarlo entre los escombros de su historia familiar.
La presencia de Jude Bellingham en el Mundial fue una de las más cuestionadas en la lista final de Inglaterra; con sus goles volvió a escuchar "Hey Jude, dont be afraid".